consume cannabis

EL ARCO DE MARINA

Un canto de nuestra América

Publicado: 2020-08-23
Sentida reseña al reciente álbum de la cantora argentina Marina Luppi: "El arco de las alianzas".
EL ARCO DE MARINA

Tanto canta que encanta. Así es Marina Luppi, cantora, docente, activista y una de las voces más hermosas del folklore argentino y latinoamericano. Por aquí tuvimos acceso a dos discos de ella, “Cuando veo, veo” editado en 1994, con 12 canciones para niños siendo autora de la mayoría de ellas. El otro proyecto se llamó “Instante”, lanzado el 2012 con canciones propias y de otros autores como Juan Falú, Aníbal Sampayo, Juan Martín Porzio, Violeta Parra, Daniel Viglietti, entre otros compositores argentinos y latinoamericanos. 

Marina tiene fuertes vínculos con el Perú, fue amiga de la maestra Chalena Vásquez, llegó a conocer y entablar relación con el maestro Manuel Acosta Ojeda y es entrañable de gentes como Los Cholos y muchos músicos peruanos de varios géneros y escuelas. Ha visitado varias veces nuestro país y en su repertorio hay muchas canciones peruanas.  

Podríamos decir que su amor es latinoamericanista y sanmartiniano, pues también quiere mucho a Chile y en tierras del Mapocho la aprecian de igual manera. A decir de la propia Marina, Chile y Perú son dos países entrañables para ella y este año de pandemia, cuarentenas, pena y muerte, afortunadamente, Marina Luppi nos ofrece un remanso musical para sostener el espíritu, un oasis artístico que acaba de ser lanzado hace pocos días: “El arco de las alianzas” (Buenos Aires, 2020)

Acuarela de Ana Vega Álvarez - Diseño: Gonzalo Cadahía


Y viene con número cabalístico, siete tracks que encandilan y proponen un ida y vuelta entre la tradición y la vanguardia, nos presenta esta producción que ya se puede escuchar en las principales plataformas digitales.

“El gavilán” es el primer track con casi 15 minutos. Aquella desgarradora canción experimental de la gran Violeta Parra, que en su momento causó gran conmoción entre los seguidores de la compositora chilena acostumbrados a las armonías tradicionales del folklore. “El gavilán” es una larga pieza musical y lírica con toques atonales (el recurso de la cuarta aumentada) que narran los dolores del desamor, aunque algunos han visto crítica social más radical, con sonoridades que si bien es cierto se reconocen del folklore chileno, se saltan la barda hacia el vanguardismo, en los fraseos y repeticiones, en el empleo de ciertas palabras y sílabas que se repiten generando un clima muy particular. Compuesta hacia finales de los años 50 en consonancia con lo que el mundo artístico experimentaba, esta canción ubica a Violeta Parra entre las grandes maestras de la música del s. XX. Hay que tener mucha capacidad técnica, experiencia vocal y valentía para interpretar este tema, muy pocas la han cantado y Marina Luppi -fabulosa en esta interpretación- es una de ellas. La guitarra ¡Impecable! ejecutada por el maestro Germán Suane.

El espíritu de Violeta Parra recorre el disco como un hilo conductor, no sólo reflejado en el nombre: “El arco de las alianzas”, esa partecita tan potente de los versos de “Volver a los 17”, sino, en todo el disco como un enfoque, como un sello. El arco de las alianzas al que se refería la gran trovadora chilena viene siendo el amor a, y en la vida, en sus múltiples dimensiones, que la resignifican, que nos enseña a pesar del dolor que pueda existir. Esa sabrosa mezcla agridulce que es la vida está presente en este disco, complementando la dulzura de los acordes tradicionales del folklore están también las disonancias, el componente experimental, la nota que se escapa de la costumbre predecible del acorde natural.

“Los colores de mi niño”, segundo track. Simbiosis de fraternidad y música. Letra de nuestro querido “Jinre” Guevara (Los Cholos) y música de Marina Luppi. El arreglo de piano va en consonancia con esos claroscuros disonantes de la Violeta arriba mencionados y corresponden al maestro Sebastián Villalba, ejecutados prolijamente por Candelaria Quiñones. Una hermosa pieza comentada largamente en una entrevista a Marina que compartimos aquí:

https://www.youtube.com/watch?v=edF5F5WarN0&t=430s

El tercer track, sigue siendo peruano, “Los Ronderos”. Una pechada cajamarquina, género de valientes del folklore cajamarquino. Como indica su nombre, es poner el pecho desafiante ante las adversidades y retos. En este caso, inspiración de “Jinre” Guevara nos propone un homenaje merecido a las rondas campesinas de Cajamarca guardianes de la comunidad, de la vida y el agua. Interpretado por Marina Luppi y Pablo Quiñones en la percusión.

Y en este arrejunte “argentoperuanochilensis”, el cuarto track es un homenaje al maestro Manuel Acosta Ojeda del Perú. Marina Luppi incluye esta “Canción de cuna”, según nos cuenta, por “culpa” de nuestro querido Gómer Valverde (Los Cholos) de quien las escuchó por primera vez. La versión es bellísima, Marina Luppi en las flautas y la voz, en la guitarra el maestro Leonardo Andersen.

“Chilito”, es el quinto track, una hermosa canción en donde la autora confesa su amor a Chile. Es casi a capella, pero el fantástico violoncello de Pablo García entra en escena para dialogar con la voz de Marina Luppi, para contestarle y completar esa imagen de Chile que podría tener un corazón argentino, del cruce de los Andes, del cielo azul, de aquella voz ancestral que resuena tanto en chilenos como argentinos y que tiene que ver con el sur. “Acuna a mi corazón, hasta que vuelva a tu cielo”.

“Valstico”, sexto track que vuela desde Costa Rica con son latinoamericanista. Maravillosa letra de Juan Falú y de la poeta costarricense Lil Picado. El maestro argentino Juan Falú desarrolla la propuesta musical de esta hermosa composición. Leonardo Andersen se pasea magistral en el arreglo y la ejecución de la guitarra. El acordeón con sello argentino es de Manuel Acuña, nostalgia, belleza y espíritu grande de nuestra patria grande, la verdad, es una joya este valsecito.

Último track. No podía ser de otra manera, el comienzo de este arco comenzó en Violeta Parra y en ella debe acabar. Marina Luppi y Laura Liberatori realizan un “Divertimento” sobre la base de “El Gavilán”. ¡Magistrales las dos! Mucho de ritual y bastante transgresoras. Un juego de voces, como aves que se encuentran en el cielo y pasean por el aire, por un bosque. Un divertimento que nos evoca tantas imágenes paganas que ineludiblemente nos remiten a la lucha de pañuelos verdes de nuestro tiempo.

Una producción entrañable, íntima y potente. Así es este arco de Marina Luppi, que se tensa para lanzar una flecha al infinito.


Jorge Millones, Lima, agosto 2020 


Escrito por

Jorge Millones

Trovador y productor. Aficionado a la filosofía y las ciencias sociales.


Publicado en

Cascabel: Textos, imágenes y sonidos para el cambio.

Blog para compartir reflexiones que acicateen el pensamiento crítico y circular información solidaria e inflamable.