desde este momento, no más hermanitos

ORIETTA

En el multiverso

Publicado: 2018-11-19


Tengo, en mi aún poco tiempo sobre este planeta, demasiada gente querida que se me ha ido yendo. Algo puedo decir sobre este tipo de dolor y la orfandad perpetua a la que nos condena. Nunca vi a Orietta Brusa, nunca le di la mano, nunca la abracé, nunca nos tomamos un trago, nunca velamos alrededor de una guitarra, y, sin embargo, son cosas que pudimos haber hecho y que, en algún universo paralelo de este multiverso, quién sabe, a lo mejor hicimos. Pues cuando me hablan sus amigos de ella, siento que la conocí toda la vida y he sentido la misma terrible orfandad cuando se fue, la misma que sentí cuando se fue alguno de los míos.  

Con Orietta nos hicimos “amigos” por Facebook, esa ficción veleidosa que finge acercarnos. Yo leía sus “posteos”, sus “trolleos” siempre ácidos y su inquebrantable posición crítica e incómoda para el poder. Y fue en esa “mátrix” que instaló Zuckerberg en la que interactuamos. Siempre me pareció que el Facebook es una gran fiesta a la que todos van con sus mejores galas, maquillados, enmascarados hasta hacerse irreconocibles en verdad. Una pasarela de egos colosales que departían copa en mano quitándose el sombrero de vez en cuando y siempre reverenciando; en ese gran salón solía pasearse Orietta pero en pijamas, con la cara lavada, muy tranquila tomando un café, pantuflas y una escopeta Beretta colgando de su espalda.

Demasiado auténtica para ser una más de esa “mátrix”, demasiado militante para ser absorbida por la fiesta de los egos. Y es que se le salía por los poros esa visión crítica y socialista, por más que tocara tópicos más bien referentes al feminismo, la lingüística o la estética, latía en ella una ética socialista que teñía de rojo esos temas.

Por amigos comunes, porque la seguía en redes, porque la leí y porque veía sus videos y entrevistas, supe que tuvo un pasado militante, una vida densa en su lontana Italia y toda una vida como peruana. Y sé que estaba de acuerdo conmigo en mucho, siempre entraba a comentar a mi muro iluminándolo, me daba un “like” y seguidamente disparaba un misil inteligente, como es costumbre de aquellas personas que ejercen con maestría el pensamiento crítico, tan escaso en estos días.

Y así solíamos departir en la “mátrix” de Zuckerberg, yo lanzando rocas con mi catapulta y ella destrozándolas con su Beretta para que las piedritas golpeen la cabeza de mucha más gente, prometiéndome que pronto iría a Trujillo a conocerla, a abrazarla, a tomarnos un trago y velar alrededor de una guitarra cantando “Bella Ciao” o alguna canción de Víctor Jara que tanto le gustaba. No lo pude hacer a tiempo, quedándome con esta sensación de orfandad, de tardanza, confiando en que sea verdadera la teoría del eterno retorno y dentro de miles de millones de años, cuando el multiverso me ponga en la oportunidad de ir a Trujillo y buscarla, esta vez, sí sepa cerrar a tiempo la sesión del Facebook y salir corriendo a buscarla, siendo más sabio en elegir entre lo urgente y lo importante.

Hasta que se día llegue, me abrazo con sus amigas y amigos, que son los míos, para ver si en el arrejunte de cariño se mitiga un poco el vacío que nos dejó su partida.


Escrito por

Jorge Millones

Trovador y productor. Aficionado a la filosofía y las ciencias sociales.


Publicado en

Cascabel: Textos, imágenes y sonidos para el cambio.

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