Ojo con el proceso disciplinario

Lo que destroza Hinostroza

Publicado: 2018-08-03

Lo que destroza el juez Hinostroza es el pudor nacional, la vergüenza de los peruanos. Ese factor tan importante que permite que seamos una colectividad y le tengamos fe al Perú y a nosotros mismos como personas.  

Lo que evita que en un día de furia -¡Y vaya que tenemos muchos!- los peruanos nos matemos unos a otros no solo es el respeto a las leyes o el miedo al castigo, también lo son la empatía que podemos sentir entre nosotros, las costumbres que compartimos, ciertas legitimidades que reconocemos en algunos a pesar de nuestras diferencias y que nos hacen sentir una comunidad, incluso hasta el mutuo cariño. Cuando ese ámbito se daña se cuestiona todo, las costumbres nos separan, el cariño cede a la mutua sospecha y el respeto a la ley se transforma en cinismo. Eso fue lo que destruyó en su momento el accionar terrorista durante los ochenta, eso fue destruyendo también el fujimorismo durante los noventa, sin embargo, los vencimos. El Perú prevaleció aunque hecho jirones.

Con el “crecimiento” neoliberal, creció también un tipo de corrupción que derrama cinismo a borbotones. Esa corrupción de “guante blanco” es “de arriba hacia abajo”, desde los grandes empresarios hasta el pequeño productor, desde funcionarios y políticos, hasta el guachimán y el supervisor. Y está llevando al Perú a una crisis de legitimidad del propio sistema, a un nivel de anomia que cuestiona incluso la idea de país. Por eso, para superar esta crisis es imprescindible señalar cuál es su foco infeccioso: el modelo fujimorista impuesto con un golpe de Estado y consagrado en la carta de 1993.

De no erradicar esa “falla de origen”, seguirán apareciendo más y más autoridades corruptas y más audios hasta que el cinismo termine por solaparlos. Esta crisis que ha desatado indignación es una oportunidad para acabar con eso, la sociedad ya dio el primer paso mediante marchas y protestas, el periodismo valiente hizo su tarea, hasta el propio Presidente con su discurso en el Congreso se ha puesto de lado de la calle, toda la responsabilidad está ahora en los principales defensores del modelo: la bancada fujimorista y su líder.

Del fujimorismo en general y de la congresista Milagros Tacayama en particular, depende que se juzgue a todos los involucrados en los audios de la vergüenza, incluidos Héctor Becerril y el juez Hinostroza. De nadie más. Y del fujimorismo y sus aliados en el Congreso dependerá también que se haga efectiva la reforma judicial. De nadie más. Es nuestra responsabilidad hacer evidente las decisiones que tomen. Conociéndolos, lo más probable es que blinden a los suyos y pongan la reforma en una “mecedora” esperando que la gente se olvide.

Las denuncias de un programa político al tremendo juez César Hinostroza hechas a través de unos audios propalados el domingo pasado, pasaron a segundo plano cuando irrumpió una llamada telefónica del propio denunciado, minimizando lo ocurrido y hasta aceptando cínicamente que lo suyo podrá estar reñido con la ética, pero no es delito. Ante el estupor nacional este sujeto se despachó así: "En todo caso, la conducta anti ética o inapropiada que pueda desarrollar un funcionario no es delito…, y a mí me están juzgando por delitos… Afirmar que hay delito me parece una ligereza”.

No viola explícitamente la ley pero se zurra en el espíritu, en la intención de las leyes. Además de vulnerar ciertos reglamentos y normas que aplican a los fiscales y que es motivo de investigación. Adiáfora le llamaba Zygmunt Bauman a la incapacidad de alguna gente poderosa para arraigar en la conciencia valores morales y éticos, incapacidad de sentir empatía por sus semejantes. Sus actos no solo son inmorales, sino que han perdido todo atisbo de vergüenza y por eso es que son peligrosos. Porque el mensaje que le dan al país –sobre todo a los niños y jóvenes- es que nada es importante más que sus propios intereses.

En el Perú la legalidad está asesinando a la Justicia. Lo injusto y lo ruin tienen apoyo de lo legal. Además, existe en un cómodo y sospechoso limbo jurídico en el que se crean mecanismos corruptos y antitéticos como, por ejemplo, las llamadas “puertas giratorias” que encubren los conflictos de intereses entre el sector privado y el Estado.

No nos dejemos ganar por la lógica del cinismo, demostremos que el Perú puede despegarse de las miasmas de la corrupción. Cada ciudadano en su trinchera debe asumir su lucha, tener bien claro quién es la fuerza que está protegiendo a los corruptos y denunciar a sus jefes y jefas. Esa fuerza, sus bocinas mediáticas y sus aliados en el Congreso no deben salirse con la suya, el Perú no lo merece.


FUENTE: diariouno.pe


Escrito por

Jorge Millones

Trovador y productor. Aficionado a la filosofía y las ciencias sociales.


Publicado en

Cascabel: Textos, imágenes y sonidos para el cambio.

Blog para compartir reflexiones que acicateen el pensamiento crítico y circular información solidaria e inflamable.