Ojo con el proceso disciplinario

LA URGENCIA DE DECIR "NOSOTROS"

Publicado: 2018-06-26

Perú regresó a la fiesta máxima del fútbol. Un retorno celebrado por todos, hasta por los rivales. Perú regresó con identidad futbolística, juego atildado y la eficacia necesaria para clasificar. Y aunque su paso por el mundial de Rusia no tuvo los resultados esperados -“las derrotas no se celebran”, dijo bien Oblitas- no cabe duda que el objetivo Qatar, con este equipo, es una gran posibilidad.  

EL CIEGO QUE VIO UN TIGRE

Los procesos se miden por los objetivos que los protagonistas se ponen, no por la ansiedad de la gente, el humo de alguna prensa o los imperativos morales de algunos despistados. Recordemos que el proceso que inician Oblitas y Gareca fue a partir de un reconocimiento realista de nuestra situación. ¡Últimos y penúltimos en la tabla de las eliminatorias por décadas! Sin infraestructura adecuada, sin políticas deportivas y un lamentable campeonato local. Solo asumiendo esa situación futbolística y deportiva se podía iniciar un proceso serio para clasificar al mundial de Qatar. Por cómo nos iba en las eliminatorias Rusia era una quimera.

Sin embargo, el trabajo de Gareca tuvo un interesante hallazgo. Una generación nueva de jóvenes con ansias de ganar. Sin la pesada mochila de generaciones frustradas, ni obnubilados por la fama. Y resulta paradójico que el hombre que nos cerró la puerta de los mundiales en 1985 (aún sufro cuando lo recuerdo) haya regresado para decirle al “ciego” Oblitas: “Juan Carlos. Vamos con todo. Tengo equipo, podemos clasificar”.

Cierto, no pasaron la fase de grupos ¿Pero qué esperaban, que trajeran la copa? No se puede medir a esta selección con los mismos objetivos de otras selecciones sudamericanas que empezaron un trabajo serio, técnico y científico hace más de 30 años como lo hicieron en su momento Ecuador, Chile o Colombia.

En el camino hubo suerte. La apelación chilena, por ejemplo, nos dio 3 puntos que nos permitieron respirar. Pero también hubo mucha fe, esfuerzo y profesionalismo. Ciertas decisiones y rupturas en la dirigencia y el comando técnico para no aguantar argollas e indisciplina.

Por donde se le mire, hay mucho para el reconocimiento. Se celebra cuando se gana y en las derrotas toca aprender. Perú está en ese proceso, de aprendizaje pero también de algunos logros importantes que hay que reconocer.

QUE SE HAGA VICTORIA NUESTRA GRATITUD

Esta selección despertó pasiones y un romance popular que no veía desde hace muchos años. Quizás solo comparable al apoyo masivo de la selección femenina de vóley, nuestras subcampeonas olímpicas de 1988. La selección de Carrillo, Trauco, Gallese, Cueva y Advíncula fueron despertando al hinchaje nacional y convirtiendo en hinchas a una juventud que no veía en la selección peruana un referente. La selección del “Tigre” Gareca no solo clasificó dramáticamente, un repechaje siempre es un drama nacional, sino que Paolo Guerrero, su jugador más emblemático, tuvo que pasar literalmente una odisea para llegar al Mundial. A esa angustiante situación se agrega el fallecimiento del gran Daniel Peredo, la “voz de la selección” que conmovió al deporte y al periodismo.

El fútbol es mucho más que un deporte. Es una pasión colectiva, una válvula de escape social, una expresión cultural de identidades; expresa amor, alegría, rabia, frustración, tristeza o esperanza a través de jugadas que, pueden ser definidas de muchas formas, como actos heroicos o artísticos que encienden el corazón de una multitud.

Lo que expresa esta hermosa aventura mundialista fue una tenaz necesidad de afirmar que existimos y decirle al mundo que aquí estamos. Que hemos vuelto a pesar de ser un país desidioso, machista y conservador que se hace autogoles eligiendo políticos corruptos, que se agarra de su gastronomía como una tabla de náufrago. Volvimos teniendo tarjeta amarilla con la Historia por no querer recordar lo que hicieron –y hacen- las mafias con el país; volvimos porque a pesar de todo tenemos una enrome urgencia de decir “nosotros”.

Lo que pasó con la selección es una metáfora del futuro, la proyección de lo que quisiéramos ser. Porque si ese grupo de muchachos pudo hacer lo que estaba casi prohibido para todos por 36 años, todos podemos hacer también hazañas similares en nuestras vidas y en el país.

Porque al margen de los detalles legales ¿Quién no ha sentido que con Burga en la cárcel todo empezó a cambiar? ¡Qué no lograríamos si estuvieran en la cárcel las garrapatas políticas y empresariales de la corrupción! Ahora empiezan a ser referentes negros y cholos y uno siente que a lo mejor el Perú puede dejar de ser un poco menos racista, menos injusto. Porque esta pasión puede ser una oportunidad para mejorar en otros ámbitos.

Cuando lloran millones frente a una pantalla y miles llenan las tribunas de la lejana Rusia cantando emocionadamente “Contigo Perú”, uno no puede dejar de conmoverse. Porque nos urge decir “nosotros”, aquí estamos las peruanas, los peruanos. Orgullosos.

Hemos vuelto…


Escrito por

Jorge Millones

Trovador y productor. Aficionado a la filosofía y las ciencias sociales.


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