las cosas claras, señor presidente

Terroristas, caviares y socialconfusos

Publicado: 2018-02-25

Al quedarse sin argumentos, lo cual ocurre con una precocidad lamentable, los más conspicuos representantes del fujimorismo recurren al sonsonete de acusar a sus críticos con un adjetivo al que le han quitado toda la seriedad que debe tener. Llaman “terrorista” a toda crítica que venga por izquierda, y si esa misma crítica viene por el centro relevando sobre todo temas de derechos humanos, disparan entonces el misil de “caviar”. Pero si la crítica viene de sectores de la derecha más pensante, se enfurecen y sueltan el mote de “socialconfuso”.  

El respeto por las investiduras, los escrúpulos y vergüenzas que solían tener los parlamentarios de antaño, poco a poco se evaporaron en el ácido naranja de una mayoría parlamentaria.

Los congresistas del fujimorismo se parecen cada vez más a ese ejército rentado de “fujitrolls” que opera bajo la impunidad que permiten las redes y cuya misión es ejercitar más y mejor las lecciones del viejo montesinismo: “echar barro con ventilador”

La política hace rato que dejó de ser un debate de argumentos, es ahora un torneo de quién sepulta al otro bajo una avalancha de adjetivos, insultos y descalificaciones. Lamentablemente, incluso un sector de la izquierda maltrató con ese mismo talante a sus compañeras parlamentarias al no encontrar argumentos para explicar sus propias acciones. En el aprismo, hay un parlamentario que se ha especializado en ese rol hace mucho tiempo, que sale a morder a sus adversarios con todo tipo descalificaciones y falacias ad hominem. Pero es en el fujimorismo, en donde esta práctica de cacosmia verbal ha alcanzado su zénit.

“FUJIFAUCES”

Rosa Bartra al defender su Ley Pulpin a través de un vídeo acaba de llamar “terroristas” a quienes han criticado semejante ley que pone a los jóvenes a trabajar tres años gratis. Aún recordamos cuando Carlos Tubino difamó al Instituto de Defensa Legal tildándolos de “defensores de terroristas” y difundió (como ya es práctica común en el fujimorismo) fotos trucadas al ser incapaz de sostener un debate en redes con el abogado Carlos Rivera por el caso El Frontón, que involucra directamente a marinos durante el gobierno de Alan García. También es conocida su frase de “rojos mugrientos, malolientes que se visten mal” al referirse a sus colegas de izquierda.

Su vocero Daniel Salaverry llama “liberadora de terroristas” a la Corte Interamericana de Derechos Humanos al no poder sostener que el indulto al exdictador Alberto Fujimori no es humanitario. Y otros utilizan los crímenes de violaciones y asesinatos a niños para proponer la pena muerte como una forma de salirse del Pacto de San José, dejando al país desprotegido frente a la tiranía y la impunidad.

Pero la encarnación suprema del “arte” de evacuar mentiras y barbaridades la representa muy bien el congresista Héctor Becerril. Ni todos los pelicanos de la era del guano podrían ganarle a este congresista. Su capacidad de llenar las redes y los medios con excretas lo han llevado todo el tiempo, casi como un mantra, a tener que retractarse y pedir “disculpas” por insultos, descalificaciones, fotos trucadas, memes ofensivos y un largo y lamentable etcétera.

Pedro Pablo Kuczynski en su afán de sacarle brillo a la estrellita que el fujimorismo le puso en la frente, le dice “terroristas” (y “comunistas”) a quienes ahora piden su vacancia. Opina, se ríe y se despacha patéticamente como si las propias encuestas de IPSOS le sonrieran, olvida que su gobierno tambalea y sus nuevos aliados fujimoristas no lo salvarán esta vez si ven el indulto amenazado.

Este gobierno está absolutamente fujimorizado, tanto así, que el estilo de injuriar con impunidad ahora lo ha copiado la premier Mercedes Aráoz al acusar al difunto líder de izquierda Javier Diez Canseco de promover campañas “para machar honras y obtener algún beneficio bajo presión”.

La incapacidad de debatir alturadamente y el peso de las evidencias que los inculpan, los llevan a extremos de meterse con personas que ya no pueden defenderse. Si alguna vez el “ppkausismo” (no PPK, para él la democracia es hacer negocios) tuvo algo de democrático, lo fue perdiendo poco a poco en este gobierno. Y el indulto del 24 de diciembre fue en realidad su propio 5 de abril.

A MÁS MORDIDAS, MÁS POLÍTICA

Esa debe ser la consigna para las fuerzas democráticas en general y la izquierda en particular. La desesperación de una derecha embarrada por la megacorrupción se expresa en la urgencia de impulsar a toda velocidad una serie de “reformas” para dejar contentos a sus patrocinadores: empresas mineras que quieren “destrabar sus proyectos”, grupos económicos que han invertido en “educación”, medios concentrados, monopolios farmacéuticos, poderosas aerolíneas, exportadores que producen contaminando y con explotación de sus trabajadores, grupos de poder que saben que PPK es un “fusible quemado” y antes que lo cambien a través de una vacancia, quieren aprovechar en meter a todo lo que puedan “candados legales” que extiendan y protejan más sus intereses.

El tono altisonante del fujimorismo y sus aliados es para que la población se distraiga de los problemas de fondo, para descalificar a quien los critica ocultando las evidencias de los chanchullos de la corrupción. Por eso, es necesario persistir en la unidad de las luchas, de las organizaciones sociales, políticas y de sus demandas. Y la demanda más urgente es un cambio constitucional que desmantele la corrupta “república empresarial”, y el paso número uno de ese proceso, es la vacancia de PPK. Por eso, dudan las otras fuerzas de la derecha, saben que para refundar el país es necesario meterse y chocar con los negocios de los grandes grupos de poder, prefieren negociar con ellos. Pero el Perú ya no está para “negociazos”.

El fujimorismo ha banalizado al terrorismo, aquel nefasto fenómeno social y político que desgarró al Perú y que consiste en aniquilar a quien no piense como uno, en imponer una idea mediante el uso político de la violencia y el terror. Si cualquier discrepancia es motejada de terrorismo, entonces la consecuencia va a ser que nada es terrorismo o que todo lo es, en seguida viene la criminalización de los inocentes, la persecución de la disidencia y lo que empezó como una “rabieta acusadora” en el plano político, puede acabar en un régimen autoritario, violento sostenido en el terror.

El terrorismo es un modus operandi, no necesariamente una ideología. La práctica del terrorismo empieza verbalmente, luego jurídicamente y después físicamente. Políticas de terror como la “solución final” que produjo el Holocausto empezaron con descalificaciones y ataques verbales sistemáticos para quitarle su humanidad a un grupo de la sociedad frente a la opinión pública. Luego legalizaron las barbaridades y agresiones, finalmente, los mataron.

Así nace el terrorismo y lo más triste aún, es que, frente a un tipo de terrorismo, la historia nos ha enseñado que nace otro terrorismo en su contra, igual o peor.

Por eso, frente al odio y la rabia, más política, más hilar fino, más comunicación empática con la gente y sus necesidades.


FUENTE diariouno.pe


Escrito por

Jorge Millones

Trovador y productor. Aficionado a la filosofía y las ciencias sociales.


Publicado en

Cascabel: Textos, imágenes y sonidos para el cambio.

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