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LA NAVIDAD DE PEPE RAMOS

El vía crucis navideño para un peruano promedio es la historia de Pepe Ramos. Un adelanto del disco-libro “Amaneceres”.

Jorge Millones

Publicado: 2017-12-02


SIETE DE LA MAÑANA

Perseguido por la terca garúa y debajo de aquel cielo limeño eternamente nublado, Pepe Ramos, sale a buscar trabajo. Enlatados en una “combi”, muchos como él miran por las ventanas, mientras otros pugnan por subir. Luego, doblado en el rincón del último asiento, Pepe recuerda que hoy no se logró despedir de sus hijos porque tuvo que salir demasiado temprano. Su esposa al prepararle el desayuno, con un pie aún en el sueño, le regaló esa benévola mirada de esperanza y ese “todo va salir bien” que siempre le suele dar por las mañanas a pesar del mal carácter que le han ido esculpiendo el alma las tortuosas visitas al mercado, el ritual de las deudas y las mensuales rentas del mini departamento, construido encima de otro mini departamento en lo que alguna vez fueron arenales y terrenos eriazos no aptos para vivienda.

Una hora más tarde hará la fila detrás de muchos hombres, rostros jóvenes y viejos que esperan que les renueven ese tenue compromiso que las empresas de “service” ahora llaman contrato, o que no se los renueven a otros para poder tener una oportunidad de trabajo. Así se vive en un país cuyo crecimiento y desarrollo le saca burlonamente la lengua a los pobres desde cualquier pico macroeconómico.

Con las manos en los bolsillos de la viejísima casaca de cuero negro y con el cuello sumergido en la bufanda, Pepe Ramos le oye decir al encargado de la obra, que están todos completos. “Puta madre, otro día más sin empleo”, dice para sí mismo mientras mira al cielo. A unos metros, frente a esa inerme masa de desempleados, pasa una movilización del sindicato de maestros. Pepe los mira pero no puede oír lo que dicen, aún retumba en su cabeza, ¡YA ESTAMOS COMPLETOS! Solamente observa la movilización y recuerda que ayer hubo una parecida y anteayer hubo otra, imágenes tan cotidianas de la ciudad: un conjunto de puños alzados, banderas, cartelones y un amasijo de cuerpos con rabia que se mueve, que grita y que protesta.

Van “resguardados” por una escolta policial por delante y por detrás, ya se pasó la movilización y el último de los policías pasa delante de Pepe; debajo de ese casco, se desliza la mitad de un rostro adusto, debajo de ese rostro, un cansado cuerpo verde cruzado por correas, bolsillos y un morral con bombas lacrimógenas, con las manos sostiene el escudo y la cachiporra. El policía mira la desolada cara de Pepe y le dice: “por lo menos yo tengo chamba”.

No tener un trabajo para muchos es como “no existir”, pero tener un trabajo vil, para algunos, es como morir a cuotas mensuales; todo depende del tiempo que se pueda tener para sentarse a reflexionar y darse cuenta. Pepe Ramos, se acomoda la bufanda, da media vuelta y empieza a caminar; se repite una y otra vez: “Ya cambiarán las cosas, mañana será mejor”.

Lima en invierno es el gris escenario de Pepe Ramos, las manos en los bolsillos de la viejísima casaca de cuero negro, la mirada otra vez al cielo, toma aire y exhala con violencia, podría decirse que ha sonreído, que conserva las mismas ganas de vivir, como ese inacabable combustible que se necesita para salir cada día a buscar trabajo y para volver a casa soportando otra vez, las “no-miradas” que su mujer le volverá a dar mientras hace magia para preparar la cena de Nochebuena.

DOCE DEL MEDIODIA

Después de 10 meses de buscar trabajo a penas “recurseando con cachuelos”, Pepe Ramos hace cola en el comedor universitario de San Fernando, en el Jirón Cangallo. Se hará pasar como estudiante de medicina “colándose” una vez más para poder almorzar después de otra mañana desperdiciada buscando empleo.

Mañana es víspera de navidad y no tiene ni un centavo para comprar la cena, viene a su mente aquella pregunta que le ronda la cabeza desde hace algunos días, como una molesta mosca en el almuerzo “¿Eres capaz de robar?” Cruzar el delgado límite del que no hay jamás vuelta atrás, en donde tú eres tu fiscal, tu juez y tu propio verdugo. Incluso si nadie te atrapara, tú sabes que no eres inocente, que ya no podrás mirar del mismo modo a los “ladrones de verdad”, ni a un simple carterista, ni a un temible asaltante de bancos, ni a un secuestrador, ni a un funcionario corrupto. "¿Eres capaz de robar?" Quizás no es para tanto, un pequeño hurto por necesidad, pero el zumbido infernal, zum, zum, zum, continúa.

Sin embargo, con ese dinero la familia podría pasar estas fechas de celebración, de gasto y derroche como cualquier otra familia. Los niños no tendrán que envidiar juguetes ajenos, la cena estará completa y el amor podrá resistir un poco más, incluso el sexo podría recuperar por un segundo ese halo que nunca debió perder en la mirada de una esposa cansada. ¿Eres capaz de robar, Pepe Ramos? “¡Mosca de mierda!, se cayó en mi sopa, ¡puta madre!” “Mala señal Pepe Ramos” y saca la mosca de su plato usando los dedos como pinzas.

Esa noche, “consiguió” el dinero para pasar la navidad, hizo muchos regalos, se vistió de Papá Noel, le hizo el amor a su mujer y poco antes del amanecer, también supo que ya no sería nunca más la misma persona.


Escrito por

Jorge Millones

Trovador y productor. Aficionado a la filosofía y las ciencias sociales.


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